¿Son perjudiciales los tacones altos?

Los especialistas advierten que usar tacón de forma habitual puede causar daños irreversibles

Durezas y juanetes, pero también desestructuración muscular o incluso artrosis. Son algunas de las consecuencias que puede acarrear el uso prolongado y habitual de zapatos de elevado tacón. Y es que la moda cada vez más extendida de llevar a diario calzado con tacones imposibles puede pasar una seria factura a la salud de los pies de las mujeres que los usan de manera habitual. Así lo advierten expertos podólogos, la operación de juanetes es una de las más realizadas –en la mayoría de casos a mujeres- y los podólogos reconocen que más de un 70% de sus pacientes son féminas. Los expertos aseguran que aumentan las consultas podo lógicas y alertan de que los problemas pueden derivar incluso en operaciones.

Cuando alguien se calza unos tacones hace que se cambien todas las posiciones articulares del pie: el tobillo queda más flexionado, esto hace que la rodilla y la cadera también se flexionen, se incrementen las curvaturas en la espalda. Esto puede generar en dolores a nivel lumbar y cambios artrósicos en la rodilla de alguna manera irreversibles tanto en el pie como en otras partes del cuerpo.

Acortamiento muscular
“El tacón es antinatural”. Es la primera reflexión que hace José Manuel Ogalla, presidente del Colegio Oficial de podólogos de Catalunya y profesor en la Universitat de Barcelona (UB), sobre la conveniencia o no de usar tacones de forma habitual. Este especialista explica que la superficie del pie está estructurada “para trabajar en horizontal” y que si se pisa demasiado inclinado –y muchos de los tacones más de moda no bajan de los 10 centímetros- todo el peso se carga en la zona de la punta y ahí es dónde vienen los problemas de salud para el pie y otras partes del cuerpo. A parte del clásico roce que degenera en durezas, dolor de pies e incluso juanetes –la quinta operación en la Seguridad Social catalana y que se realiza especialmente a mujeres-, Ogalla apunta otros muchos problemas. “Al caminar con tanta inclinación queda un pierna muy estilizada pero la musculatura extrínseca de la pierna, especialmente los gemelos y el soleo (músculo situado bajo los gemelos), se contraen y quedan más cortos de lo normal”, afirma el podólogo.

El Dr. Cortés también apunta al “acortamiento” de algunos músculos como una de las secuelas que conlleva el uso continuado de talones. Este problema explica para ambos podólogos la sensación que tienen muchas mujeres cuando dejan de usar tacones: tienen fuertes molestias y algunas aseguran no saber caminar. A pesar de la incomodidad, el acortamiento es un mal reversible “a base de (aguantar) dolores” y estiramientos, explica Cortés. La “dolorosa” recomendación es ir reduciendo el tacón de forma progresiva “No hay que quitarse los 12 centímetros de golpe”, sentencia.

Desgaste óseo y operación
En cambio, otros problemas derivados del uso de las alzas se pueden quedar para toda la vida. “Estamos diseñados para trabajar de una manera determinada y cuando se cambia la presión que hay dentro de una articulación esto afecta a los huesos y éstos empiezan a degenerarse”, explica Cortés. Un desgaste que puede acabar en artrosis en la rodilla. Pero también las caderas e incluso la espalda pueden sufrir por el abuso de tacones. Y en los casos más “extremos”, puntualiza Ogalla, puede derivar incluso en operación de cadera.

Problemas de equilibrio y estabilidad
También el equilibrio se ve afectado por el uso de tacones ya que, según apunta Cortés, “la musculatura de las partes laterales del pie y de la pierna tiene que estar trabajando de forma constante para poder equilibrarse”. Para Ogalla el “bamboleo” que provoca caminar con tacones, tan “admirado” por los estilistas, repercute en las rodillas, en las caderas y en la espalda porque “la base de apoyo del esqueleto son los pies”.

Señales de alerta
Los especialistas reconocen que las consultas están notando el aumento de pacientes por causa del abuso de zapatos inadecuados y que la mayoría de sus clientes son mujeres. Por ello, y para mitigar al máximo los problemas, recomiendan estar atentos y observar los signos que “nos alertan” que el pie no está trabajando bien y se puede notar dolores, inflamaciones o callosidades.

El buen zapato
Y a pesar de que la moda y la sociedad en general parecen no hacerles caso, los podólogos no se cansan de repetir cómo debe ser un buen zapato. Cerrado de puntera y que ésta pueda albergar los dedos sin comprimir; si es amplia tiene que tener sujeción a nivel del empeine. Debe tener una suela gruesa y a ser posible de goma porque “absorbe mucho más los impactos y la forma de caminar es mucho más fisiológica”. Para el presidente del Colegio de Podólogos de Catalunya, el calzado puede tener un tacón de entre 2,5 y 4 centímetros porque facilita el “despegue” del pie y es importante que el calzado respete la forma del pie “que es más bien rectangular”. Por ello hay que desechar aquellos zapatos que tiene la punta muy estrecha porque “favorece que los dedos vayan encogidos, provocan callosidades y puede derivar en juanetes”.

En caso de llevar el pie elevado, cuánta más base tenga, mejor. “En este sentido son más recomendables las plataformas que los tacones”, explican. Y a pesar de sus recomendaciones, puntualizan que no están en contra de los zapatos de tacón, pero recalcan que hay que usarlos con moderación: “Son para llevarlos un ratito”.

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